Cómo afectan el estrés y la ansiedad a la capacidad de aprendizaje

En 1967, Martin Seligman y Steven Maier llevaron a cabo una serie de conocidos  experimentos, que dieron lugar a la descripción del constructo «indefensión aprendida»: la percepción de una situación como algo inevitable e incontrolable puede dificultar cualquier tipo de aprendizaje e incluso interrumpirlo, en una especie de colapso cognoscitivo; haciendo que una persona o animal sea incapaz de actuar en respuesta a una demanda del ambiente.

 

Los experimentos se realizaron con tres grupos de perros:

1. En el grupo 1 se les aplicaban descargas eléctricas inesperadas en las patas traseras, estando los animales sujetos por un arnés; aunque ellos podían parar las descargas en cualquier momento pulsando con su hocico unos paneles situados a ambos lados de la cabeza.

2. En el grupo 2, las condiciones de las descargas fueron las mismas que para el grupo 1, recibiéndolas al mismo tiempo; sin embargo, a los perros no se les daba la posibilidad de detener las descargas suministradas.

3. El grupo 3 era el grupo control, en el que los animales no recibían descarga alguna.

Posteriormente, en una segunda fase de los experimentos se ofrecía a todos los grupos la oportunidad de de evitar las descargas, mediante la colocación de un segundo compartimento dentro de la caja donde estaban situados, al que podrían moverse, escapando así de recibir el estímulo aversivo.Los resultados fueron que los grupos 1 y 3 aprendieron en la misma medida la nueva estrategia de evitación o escape, desplazándose al segundo compartimento. Sin embargo, el grupo 2, debido a su incapacidad previa en la primera fase del experimento para controlar la descarga suministrada, mostró un grave problema de aprendizaje de la nueva tarea. Y es que, dado que en la primera fase, los perros del grupo 2 mostraban determinadas conductas pero ninguna tenía como consecuencia parar de las descargas, esto desarrollaba en los animales la idea de que por mucho que hicieran no tendrían control sobre el fin de la situación, con lo que la conducta elicitada ante el estímulo terminó por ser la inhibición en la segunda fase, en vez de la evitación o escape como los perros de los grupos 1 y 3.

Esta inhibición y pasividad ante nuevos aprendizajes tras una experiencia que se percibe como incontrolable constituye lo que hoy conocemos como indefensión aprendida.

Los experimentos de Seligman han sido replicados bajo otras condiciones con ratas y otros animales; y han dado lugar a nuevas hipótesis sobre la respuesta de indefensión:

– Lo que daría origen a la respuesta de indefensión sería tanto la falta de control del sujeto sobre la consecuencia como su incapacidad para predecir cuándo y cómo va a aparecer el estímulo.

– En todo caso, queda demostrado que la ansiedad crónica, el estrés prolongado y el miedo son factores que disminuyen la capacidad de aprendizaje posterior.

– Se investiga sobre cómo cambia la manera de procesar la información en los cerebros de las personas afectadas por experiencias estresantes o fuentes de ansiedad; de tal forma que la capacidad de respuesta posterior llega a ser claramente limitada.

Los investigadores entonces se preguntan:¿Qué hace que el estrés prolongado o la ansiedad crónica puedan causar cambios en la conducta hasta el punto de alterar el aprendizaje tan radicalmente?

Comenzaremos por precisar algunas características del estrés y la ansiedad:

– A nivel neurológico, es difícil detectar cuando alguien está sufriendo estrés, por la sencilla razón de que algunos de los mecanismos cerebrales que tienen lugar que ante  algo que nos da pavor (por ejemplo,un depredador) también se activan durante las relaciones sexuales, o incluso mientras comemos algo delicioso: tanto el estrés como el placer se caracterizan por un estado neuropsicológico de excitación.

– Sin embargo, sí conocemos que el estrés eleva en sangre los niveles de adrenalina y glucocorticoides. Esta oleada de hormonas que se produce como respuesta a una situación estresante, originalmente fue diseñada por la evolución para permitirnos luchar o huir en situaciones comprometidas con depredadores y otros peligros para nuestra supervivencia. Dado que en la actualidad tales situaciones resultan en condiciones normales improbables, nuestro organismo no está ajustado para una respuesta hormonal al estrés intensa y repetida, por lo que  cuando pequeñas dosis hormonales pasan a ser grandes cantidades, o incluso dosis moderadas continúan circulando por demasiado tiempo, pueden resultar perjudiciales; tanto como para afectar a un perro en una jaula de laboratorio, o a un informe de evaluación escolar.

– Ante el estrés, en condiciones normales respondemos con un moderado grado de ansiedad. La ansiedad en principio es una emoción normal que mostramos todos los seres humanos en respuesta a un peligro o amenaza concreto. Cuando la ansiedad aparece en ausencia de estímulos reales, y sobre todo cuando empeora con el tiempo, es cuando se puede considerar una respuesta no adaptativa; que a su vez influye en la conducta y en el aprendizaje.

– Especialmente en los niños, cuyo cerebro es aún inmaduro y sus recursos de afrontamiento son menores, se dan diversas respuestas de ansiedad, desde leves y comunes como miedos a la oscuridad, a monstruos o al agua; hasta trastornos como el trastorno de ansiedad por separación, la fobia social o el trastorno de ansiedad generalizada. También puede producirse en edad escolar respuestas de ansiedad relacionadas con este entorno: ante la relación con profesores o con pares o bien ante las situaciones de evaluación.

Una vez que hemos caracterizado las respuestas fisiológicas y psicológicas de las personas ante el estrés y la ansiedad,

Veamos los efectos que dichas respuestas tienen sobre algunos sistemas del cerebro básicos para el aprendizaje:

– El hipocampo, el área cerebral fundamental para nuestra memoria humana, es sumamente sensible a las señales de estrés, ya que está tapizado por numerosos receptores de cortisol. Los glucocorticoides u hormonas del estrés pueden causar la desconexión de algunas redes neurales relacionadas con la memoria e incluso, en situaciones extremas, impedir la neurogénesis o destruir células del hipocampo.
– Un estrés no muy fuerte puede impulsar al cerebro a funcionar mejor, potenciando su capacidad de resolver problemas más eficazmente y retener mejor la información. La razón de este hecho es evolutiva: los eventos que pueden poner la vida en riesgo son las experiencias más importantes que podemos recordar; por ello, las investigaciones muestran que los recuerdos de experiencias estresantes se configuran rápidamente en el cerebro humano, y pueden evocarse con igual rapidez en momentos de crisis. Esto nos sigue siendo útil incluso cuando en la vida diaria no solemos encontrar ocasiones de riesgo vital.
– Sin embargo, cuando el estrés es demasiado severo o mantenido en el tiempo, comienza a perjudicar el aprendizaje. Los efectos del estrés sobre el aprendizaje en la vida cotidiana son ampliamente conocidos: las personas en situación de estrés o ansiedad muestran una capacidad limitada para hacer cálculos matemáticos, no procesan el lenguaje eficazmente y no son capaces de generalizar o adaptar informaciones anteriores a nuevos escenarios con la misma habilidad que una persona no estresada.
– La ansiedad a la hora de aprender hace que a las personas les cueste concentrarse; y sus memorias a corto y largo plazo resulten más frágiles. También se ve afectada la función ejecutiva, es decir, el tipo de pensamiento superior que interviene en la solución de problemas.
– Existen, no obstante, en el cerebro, un grupo de proteínas llamadas neurotrofinas, entre ellas la más conocida es el factor neurotrófico derivado del cerebro o FNDC; que actúan como defensa para mantener a las neuronas con vida y en crecimiento. Mientras haya suficiente FNDC disponible, las hormonas del estrés no pueden dañar el sistema. El problema se produce cuando una elevada cantidad de hormonas del estrés permanece demasiado tiempo en el cerebro, una situación típica del estrés crónico, especialmente en los casos de indefensión aprendida. En cantidades suficientes, las hormonas del estrés son capaces de desactivar el gen que produce el FNDC en las células del hipocampo, causando efectos perjudiciales duraderos, como ocurre en el estrés postraumático.

Específicamente, la ansiedad por estrés influye en el aprendizaje escolar:

Aunque existen varias causas de ansiedad infantil y adolescente como anteriormente hemos mencionado; el estrés familiar es quizás el más fuertemente relacionado con la capacidad de un niño para el aprendizaje escolar. En el caso de un niño que presencia discusiones entre sus padres, es claro que estos conflictos le perturban profundamente: su actitud es taparse los oídos, llorar, o quedarse inmóvil con los puños cerrados, les ruega a sus padres que dejen de pelear, la mayor parte de las veces sin respuesta.
Los estudios señalan que ya a edades tan tempranas como los seis meses, los bebés reaccionan fisiológicamente a las discusiones de los adultos presentando aceleración del ritmo cardiaco y aumento de la tensión arterial. Los niños de cualquier edad que observan peleas constantes entre sus padres muestran más hormonas del estrés en su orina, tienen dificultades para regular sus emociones, para calmarse y para fijar la atención. Se sienten impotentes frente al conflicto, y la pérdida de control les paraliza emocionalmente en la misma medida que hemos visto al inicio. Ello puede afectar muchos aspectos de la vida de los niños, entre ellos su rendimiento escolar.
Algunos estudios que analizaron los promedios de notas a largo plazo, pusieron de manifiesto una sorprendente diferencia entre los logros de alumnos cuyos padres atravesaban una situación de divorcio y los de los grupos de control. Investigaciones posteriores cuidadosamente centradas en tener en cuenta todas las variables que intervienen en la situación de estrés familiar; mostraron que aun cuando una pareja continúe unida pese a sus conflictos, los niños que viven en hogares emocionalmente inestables obtienen sistemáticamente calificaciones más bajas, especialmente en tests estandarizados de matemáticas y lectura. Concluyeron que no es el divorcio, sino el conflicto permanentemente abierto el que da lugar al fracaso académico en los hijos.
Cuanto más alto sea el grado de conflicto, mayor es el efecto sobre el desempeño. Los profesores suelen informar que los niños de hogares conflictivos obtienen puntuaciones más bajas tanto en pruebas de aptitud como de inteligencia.

Afortunadamente, las investigaciones también han comprobado que la intervención cognitivo-conductual para el tratamiento psicológico de la ansiedad en niños -ya sea en situaciones de estrés familiar, escolar u otras- resulta muy eficaz.

 

Post patrocinado por El Prado Psicólogos

 

 

 

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