Mitos y verdades sobre autismo a la luz de la neurociencia

En la película Rain Man, (Barry Levinson, 1988), Charlie Babbitt (Tom Cruise), un joven egocéntrico californiano, recibe la noticia de que su padre, al que no ve hace muchos años, ha fallecido.  Al pretender recibir la herencia de 3 millones de dólares, descubre que el dinero de la misma se halla en fideicomiso a favor de una persona de cuya existencia no tenía noticia: Raymond Babbitt (Dustin Hoffman), su hermano mayor. Raymond conoce todas las estadísticas de las ligas de beisbol y es capaz de recitar páginas enteras de la guía telefónica; tiene además una habilidad en la que su hermano Charlie pone sus esperanzas: puede recordar todas las cartas que han salido en la mesa de un casino y calcular la probabilidad de que salga la carta necesaria para ganar al blackjack y romper la banca.

Entonces, el personaje interpretado por Dustin Hoffman fue reconocido como una persona con autismo. Sin embargo, el perfil de Raymond Babbit en el film equivale más bien al síndrome de Savant: un conjunto de síntomas cognitivos diferenciados, definido por Darold Treffert, según el cual algunas personas con discapacidades físicas, intelectuales o motrices, poseen inesperadas habilidades mentales específicas. Las habilidades más usuales de los savants suelen centrarse en dominios concretos: artes (sobre todo ser buenos intérpretes musicales), cálculo de fechas, cálculo matemático y habilidades mecánicas y espaciales.Este síndrome, descrito por primera vez en 1978 ,tiene como característica su relación con el autismo: 1 de cada 10 autistas podrían tener alguna habilidad de los savant.

Rain Man contribuyó en su momento a dar a conocer y visibilizar el autismo; el film ganó cuatro óscars, entre ellos el de mejor actor para Dustin Hoffman. El actor reconoció y agradeció públicamente la inspiración y ayuda obtenida para preparar el papel por parte de Kim Peek, quien pese a haber nacido con macrocefalia y un grave daño en el cerebelo,no superar en los test de cociente de inteligencia la puntuación de 87 (inferior a la media de 100) y encontrar incomprensibles las metáforas del lenguaje, a los catorce años había completado las asignaturas de secundaria. Kim Peek leyó más de 12.000 libros y era capaz de recordar su totalidad, mostrando memoria eidética. Podía leer dos páginas al mismo tiempo, su ojo izquierdo leía la página izquierda y su ojo derecho, la página derecha, tardando unos tres segundos en leer ambas páginas. No se ha probado, aunque es posible,que ello estuviese relacionado con que había nacido con agénesis del cuerpo calloso y la comisura anterior, es decir, le faltaba la conexión entre los dos hemisferios cerebrales.

Pero pese a esta popularidad de la condición autista y de personas como Kim Peek, el autismo sigue siendo esencialmente desconocido tanto en su etiología (origen), como en sus manifestaciones, lo que hace que hayan pervivido ciertas distorsiones o mitos en la información transmitida al respecto. Sin embargo, los avances en neurociencias desde los últimos cinco años y la revisión de los criterios diagnósticos de los Trastornos del Espectro Autista nos permiten revisar bajo un nuevo prisma dichas creencias sobre el autismo:

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Un concepto interesante surgido en los últimos años es el de neurodiversidad, desde el que se considera que la intervención con personas que presentan TEA debe orientarse  desarrollo óptimo de sus capacidades individuales en un entorno facilitador. Bajo el prisma de la neurodiversidad se prioriza la atención sobre las habilidades de cada persona, sea cual sea su condición, y se considera que en realidad lo que importa es la oportunidad de desarrollar las capacidades de cada uno. Por el contrario, los currículos escolares rígidos, estandarizados y reglados, basados en la memoria y en la rutina,  empobrecerían tanto el desarrollo de los neurodiversos, como de los neurotípicos (Armstrong, 2012). Desde este enfoque se contempla que las iniciativas terapéuticas, cuando se apliquen, no tienen otra justificación que la integración social y el bienestar de la persona, y deben estar diseñadas en base no tanto al diagnóstico como al individuo. Además, los objetivos han de ser claros y los resultados medibles a corto plazo, sin olvidar que la mejor terapia consiste en crear un entorno inclusivo. Y en los casos en los que se emprendan terapias especializadas, cabe recordar lo que afirmaba Howlin:

El tratamiento no debe exigir un gran sacrificio en términos de tiempo, dinero o cualquier otro aspecto de la vida familiar, sino que debe beneficiar a todos los involucrados

Post patrocinado por  Centro para el Tratamiento del Autismo Psicoclínica Barcelona

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